Nicolás Maduro Moros asumió un segundo mandato de seis años como presidente de Venezuela en una ceremonia marcada por el rechazo de diversos gobiernos y organismos internacionales. Al acto no asistieron representantes de la Unión Europea ni de gran parte de los países de América que cuestionan la legitimidad de su reelección. Los comicios celebrados el 20 de mayo fueron adelantados por la Asamblea Nacional Constituyente y rechazados por sectores de la oposición venezolana, que denunciaron irregularidades durante el proceso electoral y decidieron no participar en la contienda.

Durante su discurso, Maduro afirmó que Venezuela enfrenta una ofensiva impulsada por Estados Unidos y otros gobiernos, a los que acusó de promover acciones contra su administración. Mientras tanto, Paraguay anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Venezuela, decisión que posteriormente también fue adoptada por Perú, cuyo gobierno ordenó el retiro de su representación diplomática en Caracas. Paralelamente, dirigentes opositores convocaron nuevas jornadas de movilización y llamaron a mantener la presión política frente al inicio del nuevo período presidencial.

El Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) también desconoció el nuevo mandato de Maduro mediante una resolución respaldada por varios países, entre ellos la República Dominicana. La decisión refleja la persistente división internacional en torno a la situación política venezolana y mantiene abierto el debate sobre el reconocimiento del gobierno. Mientras tanto, el escenario continúa bajo seguimiento de la comunidad internacional debido a las implicaciones diplomáticas y políticas derivadas del proceso.