Expertos en historia, psicología y neurociencia coinciden en que permanecer mucho tiempo en una posición de poder puede cambiar la forma en que una persona percibe la realidad. Según diversos estudios, algunos funcionarios llegan a actuar como si el cargo que ocupan fuera permanente, olvidando que se trata de una responsabilidad temporal al servicio de la sociedad.

Los especialistas explican que quienes ocupan puestos de alto nivel suelen rodearse de colaboradores que evitan cuestionar sus decisiones. Esto crea una especie de “burbuja” donde solo reciben opiniones favorables, lo que puede llevarlos a creer que su gestión es perfecta y que no cometen errores.

Además, investigaciones en neurociencia indican que el ejercicio prolongado del poder puede afectar la capacidad de análisis y previsión, aumentando la impulsividad y la confianza excesiva. Como resultado, algunos funcionarios terminan identificándose tanto con el cargo que consideran su salida como una pérdida personal, en lugar de verla como una etapa normal dentro de la vida institucional.

Los estudios también señalan que cuando los mecanismos de control y supervisión son débiles, surge una sensación de invulnerabilidad. Esto lleva a ciertas autoridades a pensar que las normas o las consecuencias no les alcanzarán, lo que puede provocar decisiones equivocadas y errores estratégicos.

Sin embargo, los expertos recuerdan que la historia demuestra que ningún poder es permanente. En ese sentido, advierten que la arrogancia y la creencia de que un cargo es eterno no reflejan fortaleza, sino señales de debilidad en las instituciones encargadas de garantizar la transparencia y la rendición de cuentas.