La historia de la familia Trujillo Molina continúa despertando interés en la República Dominicana, especialmente en torno al destino final de sus miembros tras la caída del régimen. Aunque se trata de figuras ampliamente conocidas en la historia nacional, muchos ciudadanos desconocen las circunstancias de sus muertes y los lugares donde reposan sus restos. Diversas investigaciones han recopilado información sobre este aspecto, ofreciendo un panorama más claro sobre el cierre de una de las etapas más determinantes del país.

Entre los casos documentados se encuentra el de José Trujillo Valdés, padre del dictador, quien falleció en 1935 por una afección pulmonar. Sus restos fueron inicialmente depositados en la Catedral Primada de América y posteriormente trasladados al Cementerio Máximo Gómez. Por su parte, Julia Molina, madre de la familia, murió en 1964 a los 100 años en Miami, donde fue sepultada junto a una de sus hijas. Otros miembros, como Héctor Arismendi Trujillo, conocido como Petán, y Flor de Oro Trujillo, también tuvieron destinos diversos, con traslados de restos entre países y entierros tanto en el extranjero como en territorio dominicano.

Asimismo, Héctor Bienvenido Trujillo Molina, hermano del dictador, falleció en Miami en 2002, donde permanecen sus restos. Estos casos reflejan la dispersión geográfica de la familia tras el fin del régimen y evidencian cómo, con el paso del tiempo, su legado histórico ha quedado marcado no solo por su impacto político, sino también por el destino final de sus integrantes. Investigaciones como las del libro Las tumbas de los Trujillos, del autor Franklin Gutiérrez, aportan datos relevantes para comprender este capítulo desde una perspectiva documental.