La detención de Pablo Villavicencio, un repartidor de pizza en Nueva York, ha generado una ola de indignación en la comunidad tras ser entregado a autoridades migratorias mientras realizaba su trabajo. El hecho ocurrió en la base militar de Fort Hamilton, en Brooklyn, cuando el trabajador acudió a entregar un pedido sin imaginar que sería retenido. Según versiones oficiales, un oficial solicitó su identificación, la consideró inválida y notificó a agentes de inmigración, quienes procedieron con su detención.

De acuerdo con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), Villavicencio tenía una orden de deportación desde 2010, a la cual no se presentó. Sin embargo, familiares y activistas denuncian que el procedimiento fue desproporcionado, considerando que se trataba de un ciudadano que cumplía labores honestas. La familia del detenido ha manifestado su desesperación, destacando su rol como padre responsable y sostén del hogar. Su hija, en declaraciones públicas, ha pedido la intervención de las autoridades para evitar la deportación.

El caso ha provocado protestas frente a la base militar, donde manifestantes exigieron su liberación inmediata, algunos de los cuales también fueron detenidos. Organizaciones comunitarias advierten que situaciones como esta reflejan una política migratoria centrada en cifras, sin considerar el impacto humano en las familias afectadas. Mientras tanto, las autoridades han indicado que la deportación podría ejecutarse en un plazo de dos semanas, lo que intensifica el llamado de diversos sectores a revisar el caso con urgencia.