La muerte de una niña de cinco años en México ha conmocionado a la opinión pública. Un sujeto ingresó por una ventana a su vivienda, agredió sexualmente a la menor mientras dormía y golpeó a su madre y a otra mujer presente. La pequeña falleció asfixiada, presuntamente al cubrirle el agresor la nariz y la boca para silenciar sus gritos. Las autoridades investigan el brutal crimen ocurrido dentro de su propio hogar.
En Wisconsin, Estados Unidos, comenzó el juicio contra un secuestrador que admitió haber asesinado a tiros a los padres de una adolescente de 13 años. Mantuvo a la víctima en cautiverio durante casi tres meses, obligándola a permanecer hasta 12 horas diarias oculta bajo una cama sin agua, comida ni acceso al baño. La menor logró escapar y ahora se revelan escalofriantes detalles del prolongado calvario.
En Perú, una madre enfrenta cargos por dejar a sus tres hijos, de entre tres y seis años, encerrados más de dos días en una vivienda sin supervisión. Al ser detenida, no pudo justificar el cruel confinamiento al que sometió a los menores. Estos casos ilustran patrones alarmantes de violencia y negligencia hacia la infancia que exigen mayor atención y medidas preventivas por parte de las autoridades y la sociedad.