Una ofensiva militar coordinada por Estados Unidos, Francia y Reino Unido impactó objetivos estratégicos en Siria durante la madrugada, en lo que se considera la acción más contundente hasta ahora contra el gobierno de Bashar al-Assad. Según reportes iniciales, el ataque incluyó el lanzamiento de misiles de crucero desde buques de guerra y aeronaves, dirigidos a instalaciones vinculadas al desarrollo y almacenamiento de armas químicas en las cercanías de Damasco y la ciudad de Homs.

Autoridades sirias informaron que aproximadamente 110 misiles fueron lanzados, asegurando que sus sistemas de defensa aérea lograron interceptar una parte significativa. Sin embargo, expertos internacionales han puesto en duda estas cifras, mientras que reportes independientes indican daños materiales en las zonas atacadas y al menos tres personas heridas. Testimonios desde la capital describen explosiones de gran magnitud, superiores a las habituales en el contexto del prolongado conflicto interno que atraviesa el país.

La comunidad internacional reaccionó con rapidez ante los hechos. Donald Trump calificó la operación como una medida puntual, aunque advirtió que podrían producirse nuevas acciones si se repiten ataques con armas químicas. Por su parte, aliados del gobierno sirio, como Irán, condenaron la ofensiva y la calificaron de amenaza a la estabilidad global. Se prevé una reunión de emergencia en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para evaluar la situación y posibles respuestas diplomáticas.