El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volverá a China del 13 al 15 de mayo de 2026 para reunirse nuevamente con su homólogo Xi Jinping, en un escenario internacional mucho más complejo, caracterizado por disputas comerciales, rivalidad tecnológica y nuevas dinámicas de poder entre ambas naciones.
Este próximo encuentro revive uno de los momentos más simbólicos de la diplomacia reciente, ocurrido en noviembre de 2017, cuando Trump realizó su primera visita oficial al gigante asiático. En aquella ocasión, el mandatario estadounidense fue recibido con un nivel de protocolo sin precedentes, incluyendo una visita privada a la Ciudad Prohibida, un privilegio reservado para eventos de alto significado histórico y político.
Durante ese recorrido, ambos líderes, junto a sus esposas, compartieron actividades culturales como presentaciones de ópera de Pekín y una tradicional ceremonia de té, gestos que fueron interpretados como una señal de respeto y acercamiento por parte de Beijing. La cobertura internacional llegó a calificar la recepción como una “state visit-plus”, destacando el carácter excepcional del recibimiento.
Sin embargo, a diferencia de aquel momento, el nuevo encuentro se producirá en medio de mayores tensiones entre Washington y Beijing, con diferencias en temas comerciales, tecnológicos y estratégicos. A pesar de este contexto, la reunión representa una oportunidad clave para redefinir la relación bilateral y medir el rumbo de las dos principales potencias del mundo en los próximos años.