Diversas culturas alrededor del mundo mantienen tradiciones gastronómicas que incluyen alimentos considerados inusuales para gran parte de la población. Entre ellos figuran insectos, órganos de animales y preparaciones elaboradas con sangre, productos que forman parte de la dieta habitual en algunos países. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el consumo de insectos ha sido señalado como una alternativa con potencial para contribuir a la seguridad alimentaria ante el crecimiento de la población mundial, que podría superar los 9,800 millones de habitantes para el año 2050.
Entre los alimentos destacados se encuentran los saltamontes, ampliamente consumidos en países como Camboya y China, además de algunas regiones de Estados Unidos. Estos insectos son apreciados por su contenido de proteínas, fósforo y calcio, y suelen prepararse con salsa de soya o chile. También figuran los murciélagos, presentes en la gastronomía de algunas zonas del sudeste asiático, así como los ojos de atún, que pueden adquirirse en supermercados de Japón y forman parte de diversas recetas tradicionales.
La lista también incluye la sopa elaborada con sangre de animales, una preparación típica de la cocina vietnamita, y el pene de buey, consumido en algunas regiones del lejano oriente ruso. Aunque estos alimentos forman parte de costumbres culinarias locales, especialistas recuerdan que ciertos productos de origen animal, especialmente cuando se consumen crudos o con escasa cocción, pueden representar riesgos para la salud si no cumplen con las condiciones adecuadas de higiene y manipulación.