En su programa radial, Luinny Corporan recibió una llamada que rápidamente captó la atención del público por la complejidad emocional del caso. Una joven de 20 años confesó que continúa enamorada de un hombre mayor que ella, a pesar de que este le fue infiel, tuvo un hijo con otra mujer y posteriormente se casó por presión familiar.
Según el relato, la relación comenzó como una amistad universitaria que evolucionó en sentimientos más profundos. Sin embargo, el vínculo se fracturó cuando el hombre desapareció por semanas y luego confesó que había embarazado a otra mujer. Aunque la joven decidió tomar distancia en ese momento, la historia no terminó ahí. Él se casó, se divorció en poco tiempo y volvió a buscarla, manteniendo una conducta inestable que incluyó encuentros con su ex pareja anterior.
Lo más llamativo del caso es que, pese a todos los eventos —infidelidad, embarazo, matrimonio y nuevas traiciones— la joven admite que aún lo ama. El testimonio evidencia un conflicto emocional frecuente: el choque entre lo que se sabe racionalmente (que la relación no es sana) y lo que se siente. Este tipo de situaciones, como señaló el propio programa, requiere límites claros y, en muchos casos, acompañamiento psicológico para evitar ciclos de dependencia afectiva.