Miles de dominicanos han emigrado en los últimos años hacia Chile en busca de mejores oportunidades laborales y condiciones de vida. Muchos llegan motivados por referencias de conocidos o familiares, sin un conocimiento profundo del país de destino. En localidades como Colina, al norte de Santiago, se ha evidenciado la formación de comunidades organizadas que reflejan este flujo migratorio, donde los recién llegados buscan estabilidad económica y social, enfrentando desafíos propios del proceso de adaptación.
Uno de los casos más representativos es el surgimiento de un campamento en Colina, donde cerca de 200 dominicanos han construido alrededor de 90 viviendas. Según testimonios recogidos, el asentamiento comenzó en 2015 cuando un grupo decidió ocupar un terreno ante el alto costo de los arriendos. Con el tiempo, la comunidad se consolidó, replicando costumbres culturales propias de su país de origen, desde la gastronomía hasta la música, fortaleciendo redes de apoyo entre sus integrantes.
Aunque muchos migrantes destacan que Chile ofrece mejores ingresos en comparación con su país de origen, también reconocen que la realidad no siempre coincide con las expectativas iniciales. Algunos señalan haber llegado con promesas de salarios elevados que no se materializaron. A pesar de ello, valoran la posibilidad de generar ingresos y mejorar su calidad de vida mediante el esfuerzo constante. Este fenómeno refleja tanto las oportunidades como los retos de la migración contemporánea en la región.