Un grupo de ciudadanos vinculados al Club Sameji, en Santiago, ha intensificado sus reclamos para que se rindan cuentas sobre el manejo administrativo y financiero de esa entidad comunitaria y deportiva. Los denunciantes sostienen que la directiva, encabezada durante años por Miguel Balaguer, no ha presentado informes regulares sobre ingresos, rentas y recursos generados por las actividades del club. La controversia ha cobrado relevancia pública por el peso histórico de Sameji en el desarrollo deportivo y social de los barrios de la zona norte de la ciudad.

Entre los puntos señalados figuran posibles omisiones en la presentación de reportes sobre alquileres del local, eventos, contratos vinculados a antenas y patrocinios relacionados con el baloncesto superior. Los reclamantes aseguran que la institución se ha alejado de los fines para los que fue creada y plantean la necesidad de rescatarla para devolverla a la comunidad. Asimismo, consideran que cualquier entidad que administre fondos colectivos debe actuar con transparencia, independientemente de la trayectoria o reconocimiento público de quienes la dirigen.

El conflicto ha abierto un debate más amplio sobre el control de espacios comunitarios y el uso de recursos en organizaciones sociales con larga tradición local. Aunque sectores reconocen el papel histórico de Miguel Balaguer en el impulso de proyectos barriales, otros insisten en que ese legado no exime de la obligación de rendir cuentas. En ese contexto, la disputa en torno a Sameji se proyecta como un caso emblemático sobre gobernanza, participación ciudadana y fiscalización en instituciones con fuerte arraigo comunitario.