El entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó una propuesta para poner fin al cierre parcial del gobierno federal mediante un acuerdo sobre inmigración y seguridad fronteriza. Durante un discurso desde la Casa Blanca, afirmó que el sistema migratorio estadounidense requería una reforma integral y describió la situación en la frontera sur como una crisis humanitaria y de seguridad. Además, sostuvo que el incremento de la inmigración irregular favorecía el tráfico de drogas, la trata de personas y la actuación de organizaciones criminales.
La iniciativa planteó una asignación de recursos para fortalecer la vigilancia fronteriza, ampliar la asistencia humanitaria y agilizar los procesos migratorios. Entre las medidas anunciadas figuraban fondos para reforzar los puntos de entrada, incorporar nuevos jueces de inmigración y establecer mecanismos para que menores centroamericanos pudieran solicitar asilo desde sus países de origen. Asimismo, la propuesta contempló destinar 5,700 millones de dólares para la construcción de nuevas barreras de acero en sectores considerados prioritarios de la frontera entre Estados Unidos y México.
Trump exhortó a republicanos y demócratas a alcanzar un consenso que permitiera aprobar la reforma migratoria y reabrir el gobierno federal. El mandatario aseguró que su plan incorporaba propuestas de ambos partidos y defendió la construcción de infraestructura fronteriza como una herramienta para reducir la inmigración irregular y combatir el crimen organizado. No obstante, el proyecto continuó generando un intenso debate político sobre el alcance de las medidas de seguridad, la política migratoria y el uso de recursos públicos para la construcción del muro fronterizo.