Durante la preparación de uno de sus conciertos en México, el cantante Luis Miguel llamó la atención por las solicitudes incluidas en el documento técnico de producción del espectáculo. Entre los requerimientos figuraban agua de una marca específica, un menú vegetariano y un área de catering decorada con flores blancas. Sin embargo, una de las peticiones generó mayor interés al establecer que los alimentos no consumidos durante la producción fueran entregados a instituciones benéficas, con el propósito de evitar el desperdicio y beneficiar a personas necesitadas.
La iniciativa provocó diversas reacciones en las redes sociales. Mientras algunos usuarios destacaron el gesto como una forma responsable de aprovechar los recursos disponibles después de cada presentación, otros consideraron que este tipo de acciones debería formar parte de una práctica habitual en la industria del entretenimiento. El debate también puso sobre la mesa la cantidad de alimentos que suelen desperdiciarse durante grandes eventos y la importancia de impulsar mecanismos para su redistribución.
Especialistas en responsabilidad social consideran que el aprovechamiento de alimentos aptos para el consumo puede contribuir a reducir el desperdicio y apoyar a organizaciones comunitarias. Asimismo, destacan que iniciativas similares pueden ser implementadas por empresas, productores de espectáculos y otras instituciones que organizan eventos de gran escala. La propuesta atribuida al artista ha generado un intercambio de opiniones sobre la importancia de combinar la logística de los conciertos con acciones de carácter social.