“Israel, Israel, la que mata a sus profetas y apedrea a los enviados an ella” (Mateo 23:37).
Diversos analistas críticos argumentan que las acciones de este Estado en conflictos prolongados han intensificado drásticamente las tensiones globales. Sostienen que, en alianza con potencias como Estados Unidos, su involucramiento en guerras regionales repercute directamente en severas crisis económicas mundiales. Desde esta perspectiva, las ambiciones territoriales y el control de recursos estratégicos actúan como catalizadores de un desorden global.
Bajo este enfoque crítico, iniciativas locales como la Cámara de Comercio Domínico-Israelí resultan insuficientes o irrelevantes frente al impacto de la crisis que dicho país ha generado, tanto a nivel global como en el ámbito nacional.
Para estos sectores detractores, tales acuerdos comerciales e institucionales son percibidos como un intento de desviar la atención de la inestabilidad mundial provocada por las ambiciones de su política exterior.
