La primera encíclica de Papa León XIV, titulada Magnifica humanitas, marca un giro muy fuerte del Vaticano hacia el debate ético sobre la inteligencia artificial y el poder tecnológico global. El documento plantea que la IA no es neutral: refleja los intereses, valores y objetivos de quienes la diseñan y controlan.

Uno de los puntos centrales es la advertencia contra una concentración extrema de poder tecnológico. León XIV sostiene que si unas pocas corporaciones o élites dominan la IA, también podrían imponer una visión moral, política y cultural al resto del mundo, debilitando la democracia y aumentando las desigualdades.

La encíclica también:

  • rechaza la idea clásica de la “guerra justa” aplicada a tecnologías autónomas y sistemas militares basados en IA;
  • pide “desarmar la IA” de lógicas de dominación económica y bélica;
  • defiende la dignidad del trabajo humano frente a la automatización;
  • denuncia nuevas formas de explotación digital y “esclavitud tecnológica”;
  • reclama regulación internacional y cooperación multilateral.

Además, el texto conecta la revolución tecnológica actual con la Revolución Industrial abordada por la histórica encíclica Rerum Novarum de 1891. León XIV presenta la IA como el gran desafío social y moral del siglo XXI.

También ha llamado la atención que el Papa:

  • pida perdón por la relación histórica de sectores de la Iglesia con la esclavitud;
  • critique el “tecnofascismo” y la vigilancia masiva;
  • advierta sobre la manipulación de la información y la pérdida de humanidad en relaciones mediadas por algoritmos.

El mensaje de fondo de Magnifica humanitas es que el progreso tecnológico solo tiene sentido si protege a la persona humana y al bien común, no si convierte a la humanidad en dependiente de sistemas controlados por pocos actores económicos o militares.