Una ola de protestas ha sacudido Kenia después de que el parlamento aprobara un controvertido proyecto de ley que impone nuevos impuestos, agravando la ya tensa situación debido al alto coste de la vida. Miles de manifestantes desbordaron a la policía y forzaron su entrada en el edificio del parlamento, incendiando parte de la estructura.

El caos se desató poco después de la votación de los legisladores, quienes rápidamente huyeron del edificio a través de un túnel subterráneo. Los manifestantes, enfurecidos por la aprobación de los nuevos impuestos, sitiaron el edificio y trataron de impedir la salida de los parlamentarios de la oposición que votaron en contra del proyecto de ley.

En medio de la confusión, la oficina del gobernador de Nairobi, miembro del partido gobernante, también fue incendiada. Las calles de la capital se convirtieron en un campo de batalla, con al menos tres cadáveres vistos fuera de la sede del parlamento, en una zona donde la policía abrió fuego contra los manifestantes.

La Comisión de Derechos Humanos de Kenia ha difundido imágenes de agentes disparando contra los manifestantes y ha anunciado que rendirá cuentas por estos actos. La situación sigue siendo tensa, con una fuerte presencia policial en la ciudad y temor a que las protestas se extiendan a otras regiones del país.

Las manifestaciones reflejan el profundo descontento de la población keniana ante el aumento del coste de vida y la percepción de corrupción y mala gestión gubernamental. Los nuevos impuestos son vistos como una carga adicional para una ciudadanía ya agobiada por la inflación y el desempleo.

El gobierno no ha emitido un comunicado oficial sobre los incidentes, pero se espera que el presidente se dirija a la nación en las próximas horas para intentar calmar la situación. Mientras tanto, las organizaciones de derechos humanos y la comunidad internacional observan con preocupación los desarrollos en Kenia, instando a un diálogo pacífico y a la protección de los derechos civiles de los manifestantes.