Miles de migrantes centroamericanos continuaban su recorrido por territorio mexicano con el objetivo de llegar a Estados Unidos para solicitar asilo. La primera de las caravanas, integrada por aproximadamente 7,000 personas, avanzaba tras recorrer cerca de 1,500 kilómetros a través de varios países. Entre los participantes predominaban familias, mujeres y niños que aseguraban huir de situaciones de violencia, inseguridad y dificultades económicas en sus naciones de origen. Muchos manifestaron su intención de realizar los trámites migratorios de forma legal una vez alcanzaran la frontera estadounidense.
Durante su paso por el estado mexicano de Veracruz, las autoridades locales ofrecieron inicialmente transporte para trasladar a los migrantes hacia la capital del país. Sin embargo, la propuesta fue retirada poco después, obligando a los integrantes de la caravana a continuar su trayecto a pie. A pesar del cansancio acumulado y las dificultades físicas derivadas del extenso recorrido, los migrantes insistieron en que mantendrían su marcha hasta alcanzar su destino. Según sus testimonios, regresar a sus países de origen no figuraba entre las opciones contempladas.
Mientras tanto, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó las caravanas como una amenaza para la seguridad fronteriza y anunció el envío de miles de soldados a la frontera con México. Además, expresó su intención de endurecer las medidas relacionadas con las solicitudes de asilo. Por su parte, los migrantes afirmaron que su propósito era presentarse ante las autoridades estadounidenses para solicitar protección de manera pacífica y conforme a los procedimientos establecidos por la ley.