Tras el paso devastador del huracán San Martín, miles de dominicanos quedaron literalmente sin nada. Viviendas destruidas, vehículos arrastrados y comunidades enteras cubiertas de escombros conforman un panorama que muchos describen como una escena de guerra. Según testimonios recogidos en el lugar, al menos 7,000 dominicanos permanecen en condiciones de extrema vulnerabilidad, sin techo fijo y dependiendo de ayuda humanitaria que, aunque ha comenzado a llegar, resulta insuficiente frente a la magnitud de la tragedia. Para muchos, la prioridad inmediata es abandonar la isla y regresar a la República Dominicana, aun cuando los vuelos son escasos y la espera desesperante.
La mayoría de los afectados dependía del turismo, trabajando en hoteles, restaurantes y servicios hoy reducidos a ruinas. Algunos han debido reinventarse para sobrevivir, vendiendo combustible o improvisando pequeños comercios en medio del caos. Otros duermen en sillas, refugios improvisados o viviendas a medio caer. A pesar de que se distribuyen alimentos y agua en algunos sectores, numerosos damnificados denuncian que la ayuda no llega de manera equitativa. La incertidumbre se agrava con la falta de electricidad, combustible y comunicaciones, mientras aumentan los relatos de fallecidos y desaparecidos más allá de las cifras oficiales del huracán Irma.
Ante esta situación, la Cancillería Dominicana y otras instituciones estatales han coordinado vuelos humanitarios para evacuar a los afectados y enviar insumos básicos. Autoridades informaron que cerca de 400 personas han sido trasladadas y decenas de miles de libras de alimentos y agua han sido enviadas. Sin embargo, cientos continúan varados en el aeropuerto, haciendo filas desde la madrugada con la esperanza de conseguir un asiento. Mientras algunos logran partir, otros permanecen aferrados a la fe y a la solidaridad, decididos a resistir hasta encontrar una salida a una de las peores crisis que ha enfrentado la diáspora dominicana en el Caribe.