La comunidad de Cenoví amaneció sumida en el dolor tras confirmarse el hallazgo del cuerpo de Emely Peguero, la adolescente de 16 años cuyo caso estremeció a la República Dominicana. Desde tempranas horas, vecinos se congregaron en la vivienda de sus padres para acompañarlos en medio de la tragedia. Velas encendidas, rostros marcados por el llanto y un silencio cargado de indignación reflejaban el impacto de una pérdida que traspasa lo familiar y se instala como herida colectiva en todo el país.

Entre lágrimas, la madre de Emely expresó su devastación al conocer que su hija fue hallada dentro de una maleta y con evidentes signos de violencia. Aseguró que prefiere recordar a su hija como una joven alegre, extrovertida y llena de sueños, y no como la víctima de un crimen atroz. Con voz firme, reclamó la aplicación de la pena máxima para todos los responsables, directos e indirectos, insistiendo en que nadie que haya participado o colaborado merece impunidad. El padre, visiblemente afectado, agradeció la solidaridad nacional e internacional, así como el respaldo de las autoridades, y pidió que el proceso judicial no se detenga hasta alcanzar justicia plena.

El ambiente en Cenoví es de consternación permanente. Durante la mañana, se registraron manifestaciones espontáneas y llamados a la justicia en distintos puntos de la comunidad. Para muchos residentes, el asesinato de Emely, quien además cursaba un embarazo de cinco meses, representa una de las expresiones más crueles de la violencia que golpea al país. La familia reiteró que no actúa movida por odio, sino por la necesidad de que este crimen no quede impune y siente un precedente. Mientras avanzan las investigaciones, la sociedad dominicana mantiene su mirada puesta en el caso, acompañando a una familia que clama justicia y a una comunidad que aún no logra asimilar la magnitud de la pérdida.