La delincuencia volvió a golpear de forma directa a miembros de la Policía Nacional con dos hechos graves registrados en menos de 24 horas en el Distrito Nacional. El general de brigada Francisco Rommel López fue amordazado junto a su familia durante un asalto en su residencia ubicada en el sector Arroyo Hondo. Los asaltantes actuaron con violencia y cercanía, dejando en evidencia la vulnerabilidad incluso de altos rangos policiales dentro de zonas residenciales vigiladas.
Horas después, se reportó un segundo caso que incrementó la preocupación institucional. A un coronel del DICRIM le secuestraron a su esposa durante la tarde y posteriormente la abandonaron amarrada dentro del vehículo en Santo Domingo. Aunque la víctima fue localizada con vida, el hecho refuerza la percepción de audacia criminal y de fallas en los sistemas de prevención y respuesta. Ambos sucesos ocurrieron en un contexto de alta expectativa tras recientes declaraciones oficiales sobre el combate frontal a la delincuencia.
Los incidentes contrastan con el discurso del nuevo director de la Policía Nacional, Ney Aldrin Bautista, quien había asegurado que los delincuentes “tendrían que huir”. Para analistas y ciudadanos, la realidad demuestra lo contrario: grupos criminales operan con cercanía, planificación y capacidad de intimidación. La reiteración de ataques contra oficiales plantea un reto urgente a la estrategia de seguridad, obliga a revisar protocolos de protección y exige resultados inmediatos para restablecer la confianza pública y frenar una escalada que ya alcanza a quienes están llamados a combatirla.