Una mujer de 31 años, Mariela Ayala, protagoniza un caso que ha generado alarma y reflexión pública tras someterse a una liposucción como regalo de cumpleaños. El procedimiento, realizado bajo la promesa de rapidez y bajo costo, derivó en una infección severa que puso en riesgo su vida y culminó con la amputación de una pierna. Aunque los análisis prequirúrgicos resultaron normales, las complicaciones aparecieron pocas horas después del alta médica, cuando presentó fiebre persistente, dolor intenso e inflamación generalizada.
Según el testimonio, Ayala intentó comunicarse durante varios días con el médico tratante, quien minimizó los síntomas y recomendó reposo. Ante el empeoramiento del cuadro y la falta de respuesta, su familia solicitó una ambulancia y fue trasladada de emergencia a un hospital, donde se confirmó la presencia de una bacteria agresiva. La paciente permaneció en coma por cerca de diez días y los especialistas advirtieron a sus padres sobre la necesidad de amputaciones múltiples para salvarle la vida. Finalmente, tras un tratamiento que logró contener parcialmente la infección, la intervención se limitó a la pierna afectada.
El caso reabre el debate sobre los riesgos de la cirugía estética cuando no se cumplen estándares de seguridad. Especialistas insisten en que el problema no es el procedimiento en sí, sino la elección de profesionales certificados y centros con condiciones adecuadas. La propia Ayala comparte su experiencia para alertar a otras mujeres sobre señales de riesgo: precios inusualmente bajos, promesas de rapidez y falta de seguimiento postoperatorio. El mensaje es claro: ante síntomas graves, se debe acudir de inmediato a un centro de salud y priorizar siempre la seguridad por encima del costo.