Las redes sociales vuelven a encenderse tras la difusión de un video musical en el que aparece el exponente urbano Chelo Chat junto a un artista emergente conocido como La Manta. El audiovisual, correspondiente a uno de los temas recientes del intérprete, generó una ola de críticas debido a la presencia de armas y menores de edad en el entorno de grabación. Usuarios, comunicadores y figuras del entretenimiento cuestionaron la falta de control durante el rodaje y la exposición de imágenes consideradas inapropiadas, especialmente por el impacto que este tipo de contenido puede tener en audiencias jóvenes.

Uno de los principales señalamientos recae sobre la responsabilidad artística y técnica del proyecto. Especialistas del medio coinciden en que, más allá del intérprete, el director del video tiene el deber de establecer límites claros durante la producción. Sin embargo, dentro del género urbano es común que muchos artistas asuman también el rol de dirección, utilizando equipos propios y grabando en espacios comunitarios. Esta práctica, aunque frecuente, vuelve a abrir el debate sobre la necesidad de profesionalizar los procesos creativos para evitar escenas que puedan interpretarse como apología de la violencia o descuido social.

Tras la controversia, Chelo Chat publicó un mensaje en sus redes sociales ofreciendo disculpas y explicando que intentó retirar a los menores del área antes de la grabación. Según su versión, la dinámica del barrio dificultó el control total de la situación, afirmando que mientras más intentaban despejar el lugar, más personas se acercaban. Aunque el artista aseguró que no hubo mala intención, la discusión continúa activa en plataformas digitales. Para analistas del espectáculo, el caso evidencia una vez más el reto que enfrenta la música urbana entre mostrar “realidad” y asumir responsabilidad social, en un contexto donde cada contenido viral puede tener consecuencias inmediatas.