La sociedad dominicana volvió a estremecerse con el trágico desenlace del caso de Emely Peguero, la adolescente de 16 años cuyo asesinato generó indignación nacional e internacional. La joven, residente en la comunidad de Cenoví, fue reportada como desaparecida tras salir con su pareja, Marlon Martínez. Desde el inicio, el testimonio de su madre, Dalgisa Polanco, y de su padre, Genaro Peguero, apuntó a presiones para que la menor abortara, hecho que ella se negó a aceptar. La angustia familiar se transformó en clamor público ante la falta de respuestas inmediatas.
Con el paso de los días, confesiones y evidencias vincularon directamente a Marlon Martínez y a su madre, Marlene Martínez, entonces funcionaria de la Dirección General de Pasaportes. La presión social y la movilización en redes obligaron al Ministerio Público a conformar una comisión especial para intensificar la búsqueda. Tras nueve días de incertidumbre, las autoridades confirmaron el hallazgo del cuerpo de Emely dentro de una maleta, en estado de descomposición, en el municipio de Boca Chica. La autopsia reveló que la causa de muerte fue un aborto inducido, combinado con un golpe contundente en el cráneo.
El impacto del crimen sacudió a familiares, amigos y a todo el país, que exige justicia plena y sanciones ejemplares. Vecinos y allegados describieron a Emely como una joven tranquila, obediente y muy querida en su comunidad. Mientras el proceso judicial avanza, las autoridades recordaron que, de comprobarse las responsabilidades, los implicados enfrentarían penas de hasta 30 años de prisión, conforme al Código Penal. El caso Emely se ha convertido en un símbolo del reclamo social contra la violencia, la impunidad y los abusos que afectan a niñas y adolescentes, reforzando la demanda de justicia efectiva y protección real para los más vulnerables.