En el programa de variedad y humor “La Opción de las 12”, una parodia con formato de boletín policial desató risas y comentarios por su tono exagerado y su lista interminable de “buscados”. La escena arrancó con un saludo desbordado a comunidades reales e imaginarias, seguido de un falso pase informativo “de último minuto”, en el que supuestos coroneles alertaban a la audiencia con una consigna recurrente: “que se entreguen, que le estamos dando seguimiento”. El recurso, claramente satírico, caricaturizó el lenguaje solemne de los comunicados oficiales.

La parodia avanzó enumerando situaciones cotidianas llevadas al absurdo: vecinos madrugadores con rutinas dudosas, gallos que cantan fuera de horario, presidentes barriales inactivos, comediantes con deudas pendientes y escenas de cabañas convertidas en sketch. El hilo conductor fue la repetición rítmica de la consigna, que funcionó como remate humorístico y crítica suave a la sobreactuación mediática. La audiencia identificó referencias culturales locales, exageradas para provocar reconocimiento inmediato y complicidad.

Más allá del chiste, el segmento puso en evidencia la eficacia del humor como comentario social. Al imitar el tono de autoridad y aplicarlo a trivialidades, el programa desarmó la solemnidad del discurso y lo volvió espejo. El resultado fue una pieza de entretenimiento que, sin señalar a personas reales ni promover agresiones, apeló a la sátira para hablar de hábitos, manías y escenas urbanas. La producción cerró con un último “seguimiento” a modo de despedida, consolidando un gag que se sostiene en ritmo, repetición y observación cotidiana, marca registrada del espacio.