La difteria es una enfermedad infecciosa y altamente contagiosa que afecta principalmente las vías respiratorias. Es causada por la bacteria Corynebacterium diphtheriae, la cual produce una toxina capaz de dañar tejidos y órganos. Uno de los signos característicos es la formación de una membrana espesa de color gris en la garganta, que puede dificultar la respiración y, en casos graves, provocar asfixia. Además de los síntomas respiratorios, la toxina puede afectar el corazón, los riñones y el sistema nervioso si no se trata oportunamente.

El contagio ocurre a través de gotitas respiratorias expulsadas al toser o estornudar, así como por contacto cercano con una persona infectada. Incluso individuos que portan la bacteria sin presentar síntomas pueden transmitirla. La enfermedad es más común en lugares con baja cobertura de vacunación o condiciones sanitarias deficientes. Los síntomas iniciales incluyen fiebre leve, dolor de garganta, debilidad y ganglios inflamados, que pueden progresar rápidamente si no se recibe atención médica.

La prevención más efectiva es la vacunación. La vacuna DTP o DTaP protege contra difteria, tétanos y tosferina, y forma parte del esquema regular de inmunización infantil. Las autoridades sanitarias insisten en que el riesgo de contraer la enfermedad es considerablemente mayor que cualquier efecto secundario asociado a la vacuna. Mantener el esquema de vacunación actualizado es fundamental para evitar brotes y proteger tanto a niños como a adultos.