Las recientes declaraciones del presidente de Colombia, Gustavo Petro, en las que aseguró que Jesús “hizo el amor” con María Magdalena, han generado un amplio rechazo y un intenso debate público en el país. Diversos sectores políticos, religiosos y sociales consideran que las afirmaciones carecen de respaldo histórico y representan una afrenta a las convicciones religiosas de millones de ciudadanos.
La controversia se desató luego de que el mandatario hiciera referencia a una supuesta relación íntima entre ambos personajes bíblicos, una afirmación que fue interpretada como una presentación de especulaciones personales como hechos históricos. Para muchos críticos, este tipo de expresiones excede los límites de la libertad de opinión cuando se emiten desde la investidura presidencial.
El exministro de Justicia y candidato al Senado, Wilson Ruíz Orejuela, calificó las palabras del presidente como “irresponsables y falsas”, al tiempo que advirtió que “afirmar que Jesús tuvo una relación amorosa con María Magdalena no es un dato histórico, sino una desinformación que ofende las creencias de millones de colombianos”.
En ese mismo sentido, el concejal del Centro Democrático, Andrés Barrios, sostuvo que las declaraciones constituyen “una ofensa directa a la fe cristiana” y señaló que la libertad de expresión debe ejercerse con respeto, especialmente cuando se trata de símbolos religiosos profundamente arraigados en la sociedad.
Por su parte, la candidata al Senado Sara Castellanos calificó lo dicho por Petro como una “blasfemia directa contra el cristianismo”, rechazando de manera tajante que se utilicen figuras sagradas para generar controversia política o mediática.
El debate ha reabierto la discusión en Colombia sobre los límites del discurso presidencial, el respeto a la libertad religiosa y el uso de temas de fe en el escenario político, en un país donde el cristianismo sigue siendo una referencia central para una parte significativa de la población.