Un año marcado por escándalos de corrupción, como los casos vinculados a Odebrecht, la OMSA y otras investigaciones de alto perfil, ha reactivado el debate político en la República Dominicana. En medio de ese contexto, la aspiración presidencial de Ramfis Domínguez Trujillo, nieto de Rafael Leónidas Trujillo, ha generado reacciones encontradas. El resurgir del apellido Trujillo en el escenario electoral ha llevado a medios de comunicación a revisar episodios históricos vinculados a la dictadura que marcó al país durante más de tres décadas.

Como parte de ese ejercicio de memoria, fue retransmitida una entrevista realizada en 2010 a Angelita Trujillo, hija del exdictador, con motivo de la publicación de su libro Trujillo, mi padre, en mis memorias. En aquella conversación, Angelita intentó presentar una visión personal de la figura de su progenitor, defendiendo aspectos que consideraba desconocidos o tergiversados. La difusión del material busca contextualizar el debate actual y recordar las implicaciones históricas de la llamada “Era de Trujillo”.

La dictadura trujillista dejó profundas secuelas políticas, sociales y económicas en la nación. A más de medio siglo de su caída, especialistas coinciden en que las heridas provocadas por la represión, la persecución y las violaciones a los derechos humanos aún forman parte de la memoria colectiva dominicana. El retorno del apellido al discurso político obliga a revisar ese pasado con perspectiva crítica y a reforzar la importancia de la institucionalidad democrática en el presente.