Santo Domingo. – El sacerdote y teólogo dominicano, padre Roberto Martínez, explicó que la reciente decisión del Vaticano de declarar que la Virgen María no es “corredentora” junto a Jesús no pretende disminuir su papel dentro de la fe católica, sino aclarar conceptos teológicos que han sido mal interpretados por algunos fieles y movimientos religiosos.

Durante una entrevista en El Gobierno de la Tarde, Martínez señaló que la Iglesia Católica nunca ha colocado a la Virgen en el mismo nivel que Jesucristo en la redención de la humanidad, ya que Él es el único redentor. Sin embargo, precisó que María tiene una participación especial y única como madre de Dios y madre espiritual del pueblo fiel, lo que la hace una poderosa intercesora ante el Señor.

“El término corredentora se presta a confusión, porque da a entender que María actuó en paralelo con Jesús en la salvación del mundo, y eso no es así. Ella colaboró desde su fe y obediencia, pero siempre subordinada al plan de Dios”, afirmó el sacerdote.

Martínez agregó que el documento del Vaticano mantiene el reconocimiento profundo a la Virgen María dentro del catolicismo y reafirma su papel como intercesora y modelo de fe, por lo que los creyentes pueden continuar venerándola y rezándole con devoción.

El teólogo también recordó que el Concilio Vaticano II ya había abordado este tema, definiendo a María como “Madre del Pueblo Fiel”, una figura de ternura y acompañamiento espiritual, pero no con el mismo rol redentor de Cristo. “La Iglesia siempre ha sido cuidadosa con la terminología teológica. La devoción popular puede ser muy afectiva, pero el Magisterio busca precisión doctrinal para evitar equívocos”, apuntó.

Martínez reconoció que el comunicado del Vaticano podría generar confusión entre los creyentes, especialmente en países de fuerte tradición mariana, como la República Dominicana. No obstante, reiteró que la Virgen María sigue siendo objeto de veneración y ejemplo de entrega total a Dios, invitando a los fieles a entender esta aclaración como una forma de profundizar en la fe y no de restar devoción.