Estados Unidos, Francia y Reino Unido llevaron a cabo un ataque militar conjunto contra instalaciones vinculadas al programa de armas químicas del gobierno sirio, lo que provocó un aumento de la tensión entre las principales potencias internacionales. La operación se produjo como respuesta al presunto uso de armas químicas en la ciudad siria de Duma, un hecho que generó condenas y advertencias de diversos países. El ataque, anunciado por el presidente estadounidense Donald Trump, fue presentado como una acción destinada a frenar el uso de este tipo de armamento en el conflicto sirio y enviar un mensaje de disuasión al gobierno de Bashar al-Assad.
Según el Pentágono, la ofensiva se concentró en tres objetivos principales: un centro de investigación científica en Damasco y dos instalaciones de almacenamiento de armas químicas en la región de Homs. En total se lanzaron más de cien misiles contra estas infraestructuras, consideradas claves para la producción y almacenamiento de agentes químicos. Las autoridades estadounidenses aseguraron que la operación logró afectar de forma significativa la capacidad del régimen sirio para fabricar y utilizar este tipo de armamento, aunque señalaron que aún podría existir cierta capacidad residual.
Mientras tanto, la operación militar generó reacciones tanto de apoyo como de rechazo a nivel internacional. En Estados Unidos, algunos legisladores respaldaron la acción militar, aunque advirtieron sobre el riesgo de una mayor implicación en la guerra de Siria. Paralelamente, se registraron protestas en distintas ciudades del mundo, donde manifestantes criticaron la intervención y alertaron sobre una posible escalada del conflicto. El ataque se convirtió así en un nuevo capítulo dentro de la compleja guerra civil siria, que desde hace años involucra intereses geopolíticos de múltiples potencias.