Con el inicio de noviembre, la avenida Winston Churchill vuelve a llenarse de color, tradición y espíritu navideño con la instalación de los icónicos puestos de charamicos, una de las expresiones más auténticas de la cultura dominicana. Estas piezas artesanales, elaboradas a mano con ramas secas, bejucos y pintura, marcan el inicio no oficial de la Navidad en Santo Domingo.
Los charamicos, que representan árboles, renos, canastas, ángeles y otras figuras típicas, son el resultado del trabajo de artesanos que han mantenido viva esta tradición por generaciones. Para muchos dominicanos, su llegada a las calles es la verdadera señal de que comenzó la temporada más alegre del año. “Esto es parte de nuestra identidad. No hay Navidad sin charamicos”, expresó uno de los vendedores instalados en la Churchill.
A pesar de los retos económicos y las lluvias de la temporada, los comerciantes aseguran que las ventas siguen firmes, impulsadas por la nostalgia y la preferencia de los dominicanos por lo hecho a mano. Cada pieza es única, y detrás de cada una hay horas de trabajo, creatividad y amor por las tradiciones locales.
Más allá de su valor decorativo, los charamicos simbolizan esperanza, unión familiar y el esfuerzo del pueblo dominicano por mantener vivas sus raíces. En cada colorido puesto, el arte popular se mezcla con la fe y la alegría, recordando que la Navidad no solo se celebra, sino que también se crea con las manos y el corazón.
La tradición de los charamicos, que data de mediados del siglo XX, ha perdurado gracias al esfuerzo de familias que han mantenido viva esta forma de arte popular. Muchos artesanos comienzan a prepararse desde octubre, seleccionando cuidadosamente las ramas secas y los bejucos que servirán como base para las figuras, las cuales son luego pintadas con vivos colores que representan la alegría del pueblo dominicano.
Cada pieza es única y refleja la creatividad de sus creadores, quienes ven en los charamicos no solo una fuente de ingresos, sino también una manera de preservar la cultura y las costumbres del país. Los visitantes que recorren la Winston Churchill no solo compran adornos, sino que se llevan un pedazo del espíritu navideño dominicano, lleno de fe, esperanza y tradición.