La República Dominicana se libró del impacto más severo del Huracán Irma, pero los efectos comienzan a evidenciarse con claridad, especialmente en la franja atlántica. En Nagua, las lluvias persistentes y el fuerte oleaje provocaron inundaciones, destrucción de viviendas y daños a la infraestructura vial. Aunque las precipitaciones se presentaron como chubascos intermitentes, el mar embravecido fue el factor de mayor impacto durante la mañana.

En sectores costeros como Boba, al menos quince casas fueron destruidas por el oleaje que cubrió carreteras con escombros, obligando a los equipos de prensa y a los residentes a atravesar zonas anegadas para continuar sus recorridos. Familias completas perdieron sus pertenencias; algunas lograron evacuar a tiempo gracias a la intervención de la Defensa Civil. Testimonios recogidos en el lugar relatan viviendas arrasadas, puertas arrancadas por el agua y muebles desaparecidos, mientras troncos y desechos fueron arrastrados mar adentro y hacia el interior de las estructuras.

La situación se agrava por la entrada de aguas contaminadas provenientes de ríos cercanos, lo que mantiene a comunidades enteras en riesgo durante la noche. Muchos residentes permanecen fuera de sus hogares, con niños evacuados y adultos resguardando lo poco que queda. Las autoridades informaron que el Servicio Nacional de Meteorología anunció la descontinuación de la alerta de huracán, aunque persisten avisos por lluvias. La cobertura en la zona fue realizada por Tony de Atras, quien confirmó que, pese a la disminución de los vientos, el impacto del agua continúa siendo la principal amenaza en el norte del país.