El debate sobre la felicidad como eje de la vida personal y organizacional marcó la conversación de esta noche con Juan Marque, exdirector del Instituto de Felicidad y Bienestar Corporativo. La visita se produce en el contexto del Quinto Congreso Latinoamericano de Felicidad Organizacional y Bienestar Corporativo, inicialmente previsto para esta semana y reprogramado tentativamente para el 17 de octubre. El encuentro busca analizar cómo las empresas integran el bienestar como estrategia de gestión, una tendencia impulsada por grandes corporaciones tecnológicas que popularizaron figuras como el “gerente de la felicidad”.
Durante la conversación, Marque planteó que la felicidad no es un concepto único ni lineal, sino una experiencia que puede medirse desde múltiples enfoques. Identificó al menos tres dimensiones: el placer asociado a experiencias agradables, la trascendencia vinculada al logro de objetivos significativos y el compromiso que surge del esfuerzo sostenido, incluso cuando no se alcanza el resultado esperado. Estas miradas, explicó, no son excluyentes y conforman un mapa emocional complejo que influye tanto en la vida personal como en el desempeño laboral.
Uno de los puntos más destacados fue la relación entre genética y actitud. Según el especialista, aproximadamente el 50 % de la predisposición a la felicidad tiene un componente genético, mientras que el otro 50 % depende de la actitud, la disciplina y el compromiso personal. Aunque algunas personas nacen con mayor inclinación al optimismo y otras tienden a enfocarse en la carencia, Marque subrayó que la actitud puede entrenarse y superar la carga genética. En ese sentido, el bienestar no es solo un estado de ánimo pasajero, sino una práctica consciente que puede cultivarse, también dentro de las organizaciones, como parte de una cultura laboral más saludable y productiva.