Santo Domingo vivió un momento de alta tensión cuando una comunicadora cayó al intentar obtener una reacción del presidente Danilo Medina en la Cancillería. El incidente ocurrió en medio del despliegue de seguridad por el diálogo internacional destinado a abordar la crisis en Venezuela. La periodista tropezó en un hueco a la entrada del recinto oficial, mientras cámaras y micrófonos captaban la escena, convirtiendo un accidente fortuito en un reflejo del clima de presión que rodeaba el evento diplomático.
El hecho generó reacciones inmediatas y contrastantes. El presidente Medina, sin exponerse públicamente, envió a un asistente para interesarse por el estado de salud de la comunicadora, gesto que fue valorado como una muestra mínima de humanidad institucional. En cambio, parte del gremio periodístico reaccionó con burlas y comentarios inapropiados, evidenciando una preocupante falta de solidaridad profesional en un contexto donde la seguridad y el respeto debieron prevalecer.
Más allá del accidente, el episodio puso en evidencia la precariedad del entorno, la improvisación logística y la tensión constante entre poder político y prensa. El diálogo sobre Venezuela transcurría bajo estrictos controles, silencios oficiales y nerviosismo generalizado. La caída de la comunicadora terminó simbolizando un momento incómodo para todos los actores involucrados: autoridades concentradas en la diplomacia, periodistas sometidos a restricciones y una opinión pública que observó cómo, en segundos, la atención pasó del conflicto internacional a la fragilidad humana y ética dentro del escenario político nacional.