Durante una entrevista en el programa Tras el escenario, Raymond Pozo y Miguel Céspedes abordaron con franqueza los comentarios y percepciones en torno a Fausto Mata. Ambos coincidieron en que muchas de las actitudes que generan ruido público responden a un personaje escénico y no a conflictos reales entre ellos. Afirmaron que nunca han tenido problemas personales con Mata y que, por el contrario, siempre han mantenido una relación profesional basada en el respeto. Subrayaron que en su trayectoria han procurado abrir espacios y oportunidades, no solo para Fausto, sino también para su entorno cercano, como parte de una ética de trabajo que consideran esencial en el humor dominicano.
Raymond y Miguel destacaron que, de ser necesario, volverían a tender la mano sin reservas, al entender que su “clase” se demuestra con hechos y coherencia. Reconocieron el talento de Fausto Mata como humorista y exponente del género, resaltando el cariño genuino que el público le profesa. No obstante, señalaron que, como cualquier ser humano, puede desenfocarse. En ese sentido, revelaron que le han aconsejado concentrarse en sus responsabilidades profesionales, recordándole que sostener un espacio de dos horas exige disciplina, constancia y enfoque. Para ellos, el crecimiento no se construye desde la polémica mediática, sino desde el trabajo silencioso y sostenido.
En sus declaraciones finales, los humoristas insistieron en que el verdadero respeto del público se preserva cuidando el oficio y evitando distracciones innecesarias. Consideran que dejarse utilizar por agendas externas solo debilita la credibilidad artística. A su juicio, Fausto Mata atraviesa un momento clave para capitalizar el afecto popular que ha cultivado durante años. El mensaje fue claro: aprovechar el cariño de la gente implica responsabilidad, madurez y compromiso con el escenario. Las palabras de Raymond y Miguel no buscaron confrontación, sino marcar una postura firme sobre el valor del trabajo, la lealtad profesional y la importancia de mantener el enfoque en una industria donde la exposición constante puede desviar incluso a los talentos más consolidados.