Un caso ocurrido en Houston estremeció a la opinión pública tras revelarse que un hombre planeó su propia muerte para descubrir un complot en su contra. Ramón Sosa, boxeador amateur y dueño de un gimnasio, simuló haber sido asesinado para desenmascarar a su esposa, María Sosa, conocida como Lulú, quien había contratado a un supuesto sicario para matarlo. La historia salió a la luz luego de una investigación que combinó engaño controlado, grabaciones y participación directa de las autoridades estadounidenses.

Ramón y María se conocieron en 2007 en un bar de música salsa. Ambos compartían la pasión por el deporte y trabajaban juntos en el gimnasio familiar. Tras casarse, la relación se deterioró rápidamente y, tres años después, ella solicitó el divorcio. Según relató Ramón, el conflicto surgió por disputas económicas y bienes materiales. Lo que él desconocía era que su esposa había decidido eliminarlo para quedarse con todo, incluyendo seguros, ahorros y propiedades, antes de finalizar el proceso legal.

El plan de María comenzó a desmoronarse cuando contactó, sin saberlo, a un amigo de Ramón para contratar el crimen. Este alertó de inmediato al afectado y juntos idearon una estrategia para reunir pruebas. Las conversaciones fueron grabadas y posteriormente las autoridades integraron a un agente encubierto que fingió ser el sicario. Como parte del montaje, Ramón fue maquillado como si hubiera recibido un disparo y fotografiado dentro de una fosa. Al recibir las imágenes, María mostró satisfacción, lo que selló su culpabilidad. Fue arrestada al día siguiente en su gimnasio. En 2016 aceptó un acuerdo judicial que redujo su condena a veinte años de prisión. Ramón, aunque salvó su vida, afirmó haber perdido la confianza en los demás. Vendió su negocio, cambió de residencia y hoy se dedica a criar a sus tres hijos, con la esperanza de rehacer su vida algún día.