En la más reciente entrega de Énfasis, Iván Ruiz presentó una de las confesiones más vulnerables del reconocido productor Guillermo Cordero. En un relato profundamente humano, Cordero habló de los traumas que arrastró desde la infancia, de los miedos que marcó ese niño de 10 años y de cómo, con el paso del tiempo, dejó de escucharlo para convertirse en lo que los demás esperaban de él. Aseguró que, durante décadas, su vida se centró en satisfacer un estándar externo, sin espacio para reconocer su propia fragilidad.

El productor explicó que, tras retirarse del medio y dejar atrás los proyectos que lo mantenían en constante movimiento, se vio obligado a reencontrarse consigo mismo. Sin los aplausos, sin la prisa y sin la figura pública que lo sostenía, tuvo que enfrentar ese “yo” que había silenciado. Dijo que ese regreso al interior fue duro, confrontante e inevitable: un proceso en el que descubrió cuánto había postergado sus propias necesidades emocionales por priorizar las expectativas ajenas.

Cordero añadió que, aunque doloroso, ese reencuentro con su niño interior terminó siendo su salvación. Afirmó que ese niño —al que temía mirar— fue quien le devolvió sentido, humanidad y dirección. Su testimonio deja al descubierto la presión que puede envolver a los artistas, pero también la importancia de detenerse, sanar y reconstruirse desde la autenticidad. Énfasis presentó así una conversación que trasciende la figura pública y muestra al ser humano detrás del éxito.