A finales de noviembre de 1963, la República Dominicana vivió uno de los episodios más trágicos de su historia política reciente, tras el alzamiento armado encabezado por Manolo Tavares Justo y el Movimiento Revolucionario 14 de Junio. La insurrección surgió como respuesta directa al golpe de Estado que derrocó al presidente constitucional Juan Bosch y dio paso a un triunvirato militar que rompió el orden democrático. Desde el Parque Independencia, Manolo había advertido públicamente que defenderían la voluntad popular expresada en las urnas.
El gobierno de facto acusó al líder revolucionario de promover una revolución de corte comunista similar a la cubana. Sin embargo, el 14 de Junio sostuvo que su objetivo era exclusivamente el restablecimiento de la constitucionalidad. El 28 de noviembre se activaron seis frentes guerrilleros distribuidos estratégicamente en distintas regiones del país, entre ellos el Frente Enrique Jiménez Moya, ubicado en Las Manaclas y comandado por el propio Manolo. La mayoría de los combatientes eran jóvenes profesionales de clase media, con convicción política, pero escasa formación militar.
En pocas semanas, la ofensiva fue sofocada por las fuerzas armadas. El hambre, el agotamiento y la persecución constante redujeron la resistencia hasta dejar activo únicamente el frente de Las Manaclas. El 19 de diciembre, el triunvirato prometió públicamente respetar la vida de los guerrilleros si se entregaban. Confiando en esa garantía, Manolo y catorce compañeros depusieron las armas el 21 de diciembre. Horas después fueron fusilados. Aunque el régimen alegó que murieron en combate, testigos confirmaron que fueron ejecutados tras su captura. Aquella Navidad de 1963, el país quedó marcado por el luto y la pérdida de una generación que creyó en la democracia.