El reciente partido entre los Astros de Houston y los Dodgers encendió una fuerte controversia en el béisbol de Grandes Ligas, luego de que se conectaran ocho cuadrangulares en un estadio históricamente conocido por ser uno de los que menos favorece la ofensiva. Analistas y fanáticos cuestionan si las pelotas utilizadas fueron modificadas, debido a la facilidad con la que salieron batazos hacia zonas profundas, incluso alcanzando niveles superiores del estadio. La discusión ha tomado fuerza en redes y programas deportivos, donde se señala que el jonrón genera mayor espectáculo y, por ende, mayores ingresos para la liga.

Jugadores latinos fueron protagonistas del encuentro, con figuras como José Altuve, Carlos Correa y otros bateadores de Houston encabezando la ofensiva. El desempeño sorprendió aún más por tratarse de peloteros de estatura promedio que lograron batazos de largo alcance. Algunos jugadores incluso declararon que la pelota “corría más de lo normal”, reavivando viejas sospechas sobre ajustes técnicos en la MLB. El tema no es nuevo, pero vuelve a cobrar relevancia en instancias decisivas de la temporada, cuando el impacto mediático y económico es mayor.

En paralelo, el béisbol dominicano también generó comentarios tras la celebración de los 20 años de los Gigantes del Cibao, evento en el que la comunicadora Nashla Bogaert realizó el lanzamiento ceremonial. Sin embargo, una campaña publicitaria que mostró el Monumento a los Héroes de la Restauración iluminado con colores ajenos al Cibao provocó molestia entre fanáticos de la región. Para muchos, el monumento representa identidad histórica y cultural, por lo que su uso con símbolos deportivos rivales fue considerado una falta de sensibilidad. El episodio evidencia cómo el béisbol, más allá del terreno, sigue siendo un tema profundamente emocional en la sociedad dominicana.