
La puesta en marcha de la cárcel Las Parras —la antigua “Nueva Victoria”— marca un cambio significativo en el sistema penitenciario dominicano, no solo por el inicio del traslado de los internos desde la sobrepoblada cárcel de La Victoria, sino también por la implementación de un modelo que promete condiciones dignas, capacitación laboral y remuneración económica para los privados de libertad. Según las autoridades, los primeros en ser reubicados son internos con oficios, quienes podrán ejercerlos dentro del penal mientras se capacitan en nuevas áreas productivas. Los ingresos generados por su trabajo serán destinados a ayudar económicamente a sus familias, un modelo que las autoridades califican como un paso hacia la verdadera reinserción.
Este avance ocurre mientras se cierra lentamente uno de los capítulos más oscuros del sistema penitenciario: el hacinamiento extremo y la corrupción de La Victoria. Las nuevas instalaciones de Las Parras —cuya construcción inició en la gestión de Danilo Medina y estuvo marcada por sobrecostos, cuestionamientos y paralizaciones por procesos judiciales— fueron finalmente habilitadas tras una inversión adicional de más de 2,300 millones de pesos.
El ministro Carlos Bonilla destacó que el proyecto fue complejo, pero que finalmente se entrega una estructura funcional y destinada a mejorar la vida de los internos. No obstante, analistas advierten que el reto ahora es evitar nuevas paralizaciones, completar las etapas restantes y garantizar que los nuevos custodios no repliquen las prácticas de corrupción históricas de La Victoria.
Con esta apertura parcial, el Gobierno pretende avanzar hacia la meta de albergar más de 8,500 internos en condiciones humanas, con camas asignadas, servicios básicos funcionales y programas de formación. La expectativa general es que Las Parras se convierta en un modelo de gestión penitenciaria moderna y no en otro monumento a decisiones fallidas, sobrecostos y abandono institucional. Las autoridades han prometido continuar el proceso sin interrupciones y asegurar que el enfoque de rehabilitación, trabajo y disciplina marque la diferencia frente al caos que por décadas caracterizó a La Victoria.