El contrabando, el consumo de drogas y la venta de alcohol continúan siendo una realidad en recintos del viejo modelo carcelario dominicano, pese a los esfuerzos oficiales por mostrar control institucional. Así lo revela un reportaje presentado por Nuria Piera, basado en videos grabados desde el interior de la cárcel pública Concepción de La Vega. Las imágenes muestran internos consumiendo presunta cocaína, manipulando marihuana y comercializando bebidas alcohólicas, lo que contradice el discurso de autoridades que aseguran mantener el control total de los penales bajo este sistema.
Según el testimonio del denunciante, quien pidió anonimato por razones de seguridad, dentro del recinto operan bandas que controlan no solo el tráfico de drogas y alcohol, sino también la comida y el uso de celulares. Los internos afirman que deben pagar cuotas diarias y semanales para acceder a alimentos básicos, comunicación y sustancias ilícitas, señalando a supuestos cabecillas internos y alegando complicidad de algunos custodios. Las denuncias apuntan a un esquema de corrupción estructurado, donde los negocios ilícitos se mantienen gracias a pagos regulares que permitirían su continuidad dentro del penal.
Las autoridades penitenciarias reconocen la existencia de conflictos y procesos de reordenamiento, pero sostienen que los casos de corrupción son aislados y que el sistema dominicano sigue siendo más estable que el de otros países de la región. Aseguran que cualquier agente involucrado en actos ilícitos es cancelado de inmediato y que se desarrollan programas de capacitación y reinserción social. Sin embargo, reportajes previos en cárceles como Baní y La Victoria han evidenciado prácticas similares, lo que refuerza la percepción de que el viejo modelo carcelario sigue siendo un foco crítico. Aunque se reconocen avances puntuales, el desafío persiste: erradicar redes internas de corrupción y garantizar que las cárceles cumplan su función de rehabilitación y seguridad, y no de reproducción del delito.