En el primer viernes de enero de 2018, el panorama informativo nacional estuvo marcado por el impacto del caso Kaluba, tras la decisión de la Oficina de Atención Permanente del Distrito Nacional de imponer un año de prisión preventiva a 12 tripulantes vinculados al decomiso de 1.570 kilos de cocaína. La embarcación fue interceptada en aguas internacionales y los imputados, de distintas nacionalidades, fueron enviados al penal de La Victoria. Las autoridades identificaron como figura clave a Bienvenido Guevara Díaz, alias Maconi, conocido por antecedentes en procesos relacionados con narcotráfico.
El expediente se sustenta en meses de investigaciones que incluyeron interceptación de llamadas telefónicas y labores de inteligencia. En la nave fueron hallados 1.502 paquetes de la sustancia ilícita, mientras el Ministerio Público sostiene que la operación revela la dimensión de las redes de tráfico en la región. Por su parte, la defensa de los acusados argumentó que los tripulantes solo cumplían funciones laborales y que desconocían la presencia de la droga, insistiendo en que la carga oficial correspondía a combustible.
El caso generó debate público sobre la interpretación de los decomisos y su relación con la eficacia de las políticas antidrogas. Analistas señalan que, aunque los hallazgos evidencian capacidad operativa de las autoridades, también reflejan la persistencia de estructuras criminales con alcance internacional. Las investigaciones continúan abiertas para determinar responsabilidades individuales y eventuales conexiones con otras redes, mientras el proceso judicial avanza en los tribunales del país.