Colombia.– Una preocupante modalidad delictiva ha encendido las alarmas en varias ciudades de Colombia, donde turistas y ciudadanos denuncian ser víctimas de robos mediante el uso de escopolamina, conocida popularmente como “burundanga” o “aliento del diablo”.
Se trata de una sustancia inodora e insípida que afecta el sistema nervioso, bloquea la memoria y vuelve a las personas altamente vulnerables a la manipulación. Según reportes, las víctimas pueden permanecer inconscientes durante horas, mientras los delincuentes aprovechan para vaciar cuentas bancarias, acceder a contraseñas e incluso obligarlos a realizar transacciones.
Uno de los focos señalados es Medellín, donde operan redes criminales que utilizan bares, aplicaciones de citas y encuentros sociales para acercarse a turistas. Estas estructuras han desarrollado métodos sofisticados, incluyendo empresas ficticias y datáfonos, para retirar grandes sumas de dinero en cuestión de horas, así como desfalcar billeteras digitales y criptomonedas.
Casos recientes reflejan la gravedad de la situación. El ciudadano estadounidense Tou Ger Xiong fue secuestrado, agredido brutalmente y asesinado, en un hecho que conmocionó a la opinión pública. En otro caso, un auxiliar de vuelo de American Airlines, identificado como Erick Fernando Gutiérrez Molina, desapareció tras salir de la vida nocturna y presuntamente fue víctima de este tipo de sustancia.
También se reportan casos de ciudadanos locales, como un hombre en Bogotá que perdió el conocimiento tras consumir una bebida en un establecimiento. Horas después, despertó en un hospital tras haber sido despojado de más de 80 millones de pesos mediante transacciones realizadas en distintas zonas de la ciudad.
En Cartagena, una turista extranjera fue golpeada y arrastrada en plena vía pública durante un asalto, evidenciando que la violencia asociada a estos delitos no se limita al uso de sustancias, sino que también incluye ataques físicos.
Datos oficiales indican que solo en Medellín se han registrado miles de robos en lo que va de año, incluyendo decenas de casos vinculados al uso de escopolamina. En el Valle de Aburrá, autoridades señalan que este tipo de delito puede ocurrir con una frecuencia alarmante, llegando a registrarse cada pocas horas.
Aunque las autoridades colombianas han insistido en que se trata de fenómenos focalizados y no generalizados, expertos en seguridad advierten que el problema ha evolucionado hacia una estructura criminal más organizada y peligrosa, que combina manipulación química, tecnología financiera y violencia.
El llamado es a extremar precauciones, especialmente en entornos nocturnos, evitar aceptar bebidas de desconocidos y mantener vigilancia constante sobre pertenencias y dispositivos electrónicos, ante un fenómeno que continúa generando preocupación tanto a nivel local como internacional.