La comunicadora Altagracia Salazar lanzó una dura advertencia al Partido Revolucionario Moderno (PRM), al afirmar que la organización debe “recoger sus desorejados antes de que los pequeños escándalos se vuelvan un gran problema”, en referencia a las denuncias que involucran a funcionarios jóvenes del gobierno del presidente Luis Abinader.

En su comentario del 9 de febrero de 2026, Salazar expresó su decepción ante señalamientos contra Hecmilio Galván, director del FEDA, y Rafael Félix, a quienes se les acusa de exigir “peajes políticos” o aportes obligatorios a empleados estatales para financiar aspiraciones partidarias. Para la periodista, resulta contradictorio que figuras que no vivieron los excesos del pasado estén replicando prácticas que asoció a épocas autoritarias, como los descuentos automáticos de nómina con fines políticos.

Salazar también criticó las declaraciones del diputado Jorge Frías, quien habría amenazado a empleados públicos que filtren información sobre esos presuntos descuentos, advirtiéndoles que podrían perder sus puestos si afectan electoralmente al partido.

La comunicadora calificó estas expresiones como una “torpeza política” que debilita la narrativa de transparencia del Gobierno y enciende alertas internas en el oficialismo. En su análisis, sostuvo que este tipo de conductas, aunque parezcan “pequeños escándalos”, pueden escalar y erosionar la credibilidad del PRM si no se corrigen a tiempo.

En su intervención, la periodista también pasó revista a otros temas de la agenda nacional, como el inicio de procesos judiciales de alto perfil —entre ellos Intrant, Coral y Medusa—, el sometimiento de implicados en una red de narcotráfico tras un decomiso frente a Higüey, y la persistente crisis de seguridad vial, al recordar que el país registra un promedio de muertes diarias por accidentes de tránsito. En el plano internacional, abordó la crisis energética en Cuba, la situación política en Haití y la ola de frío que afecta a dominicanos en Estados Unidos.

Salazar cerró su comentario con una reflexión crítica sobre el ejercicio del poder, al señalar que este “embrutece” cuando no hay controles internos ni consecuencias, y llamó a la dirigencia política a actuar con coherencia entre el discurso de transparencia y la práctica cotidiana en la gestión pública.