En un contexto de sequía histórica que ha reducido de forma crítica los niveles de presas y embalses, los gobiernos de México y Estados Unidos firmaron un nuevo acuerdo bilateral para la gestión del agua en la frontera, con el objetivo de evitar sanciones comerciales y reducir las tensiones diplomáticas por los retrasos en las entregas al estado de Texas.

El pacto actualiza los compromisos establecidos en el Tratado de Aguas de 1944 y fija un calendario estricto de suministro por parte de México durante el actual ciclo quinquenal. Según lo acordado, el país deberá entregar un mínimo anual de 431.5 millones de metros cúbicos de agua, un volumen equivalente a cerca de 350,000 acres-pies, suficiente para abastecer a más de un millón de hogares durante un año.

El acuerdo establece como prioridad el consumo humano, seguido del suministro para la producción agrícola en la región fronteriza del río Bravo, una de las zonas más golpeadas por la escasez hídrica. Las autoridades reconocieron que la presión sobre los recursos hídricos se ha intensificado por el aumento de las temperaturas y la reducción de las lluvias, lo que ha afectado de manera directa a comunidades y productores.

Además de cumplir con las entregas actuales, el nuevo pacto incluye mecanismos para saldar la deuda de agua acumulada del ciclo anterior, que no pudo completarse debido a la prolongada falta de precipitaciones. La firma del acuerdo llega tras meses de fricciones diplomáticas, en los que se plantearon posibles aranceles contra México por los retrasos, una medida que habría impactado especialmente a los agricultores de Texas. No obstante, autoridades de ambos países advirtieron que el panorama sigue siendo crítico y que la llegada de la temporada de calor podría agravar aún más la situación hídrica en la región.