El comunicador Óscar Medina afirmó que la comunidad internacional, en especial Estados Unidos, muestra señales claras de cansancio frente a la prolongada crisis haitiana, advirtiendo que la única nación que no puede darse el lujo de “hartarse” de la situación es la República Dominicana, por su cercanía geográfica y el impacto directo que genera el colapso del vecino país.

“Los americanos están hartos de los haitianos, a nadie les importa… el único que no se puede cansar es RD”, expresó Medina al analizar el complejo escenario político y social que vive Haití, marcado por la inestabilidad institucional, la violencia de pandillas y la incertidumbre sobre el futuro de cualquier proceso de estabilización.

Uno de los puntos centrales del comentario fue el conflicto interno dentro del Consejo Presidencial de Transición, que actualmente busca destituir al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, quien apenas lleva unos meses en el cargo. De acuerdo con analistas citados en el debate, esta maniobra responde a pugnas por el protagonismo político y, sobre todo, por el control de los fondos de ayuda y reconstrucción destinados al país caribeño.

En contraste, el gobierno de Estados Unidos ha respaldado públicamente a Fils-Aimé como un interlocutor válido para coordinar el despliegue de la misión de seguridad internacional y la organización de elecciones. Washington incluso ha advertido con sanciones y ya habría revocado visas a dos miembros del Consejo Presidencial, por presuntos vínculos con pandillas armadas, en un intento de presionar por mayor estabilidad y gobernabilidad.

Medina también destacó que la misión internacional para combatir a las pandillas, prevista para llegar en abril, enfrenta serios obstáculos debido al caos político. “El Estado haitiano prácticamente no existe”, sostuvo, al señalar que incluso las recaudaciones en puertos y fronteras estarían siendo manejadas por grupos locales, sin que los recursos lleguen a las arcas públicas.

Otro elemento de gran preocupación es el anuncio de Estados Unidos de repatriar a unos 500 mil haitianos que actualmente se benefician del Estatus de Protección Temporal (TPS), bajo el argumento de que ya no existen las condiciones que justificaron ese beneficio. Según los analistas, esta decisión podría agravar aún más la presión migratoria en la región, con un impacto directo sobre la República Dominicana.

Finalmente, los comentaristas advirtieron que, si el proceso de estabilización en Haití fracasa, la comunidad internacional podría “hartarse” definitivamente del país, dejando a la República Dominicana sola frente a las consecuencias de tener un Estado fallido al lado. “No hay forma de separarse geográficamente de Haití, y si el mundo se desentiende, el peso caerá sobre nosotros”, alertó Medina.

El análisis concluye subrayando la urgencia de una solución política real en Haití y de una mayor coordinación internacional, para evitar que la crisis se profundice y se convierta en una amenaza aún mayor para la estabilidad de toda la región.