Este viernes falleció el dirigente político y expresidente del Senado Ramón Alburquerque, a los 76 años de edad, tras enfrentar una dura batalla contra el cáncer de hígado, en el Centro de Diagnóstico Medicina Avanzada y Telemedicina (CEDIMAT). El destacado líder había regresado recientemente de Estados Unidos, donde recibía tratamiento médico especializado.
La información fue confirmada por su hija, Mónica Alburquerque Mora, a través de su cuenta en la red social X, donde resaltó las cualidades humanas, profesionales y políticas que caracterizaron a su padre, considerado una de las figuras más influyentes de la vida institucional dominicana en las últimas décadas.
Alburquerque deja una amplia trayectoria en el servicio público y la política nacional. Fue aspirante presidencial, ministro de Economía, Planificación y Desarrollo durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco, presidente del Senado en tres períodos, presidente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y ocupó cargos como presidente de la Refinería de Petróleo, de la Comisión Nacional de Energía y de la Comisión Nacional Técnico Forestal (CONATEF). Además, se desempeñó como asesor y director del Instituto Dominicano de Tecnología Industrial (INDOTEC).
Más allá de su carrera institucional, Ramón Alburquerque quedó marcado en la memoria colectiva por un episodio histórico ocurrido el lunes 25 de enero de 1999, durante la crisis por el control de la Liga Municipal Dominicana (LMD). En medio de una ocupación militar y policial de la entidad, ordenada por el entonces secretario de Interior y Policía, Ramón Andrés Blanco Fernández, Alburquerque pronunció la frase que se convertiría en un símbolo del conflicto político: “Entren to’ coño”.
La expresión surgió en un contexto de alta tensión política, provocado por el desacuerdo entre el PRD y el PLD sobre la elección del secretario general de la LMD. Mientras los peledeístas respaldaban al reformista Amable Aristy Castro (fallecido), los perredeístas apoyaban a Julio Maríñez, lo que derivó en enfrentamientos y en la intervención de las fuerzas del orden.
Con su muerte, la República Dominicana despide a un protagonista de episodios clave de su historia política reciente, recordado tanto por su firme carácter como por una frase que, más de dos décadas después, sigue siendo referencia obligada del lenguaje y la confrontación política nacional.