San Rafael de Alajuela.– El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, acompañó este viernes a su homólogo costarricense, Rodrigo Chaves, en la colocación de la primera piedra del Centro de Alta Contención de la Criminalidad Organizada (Cacco), una megacárcel con capacidad para más de 5,000 reclusos, inspirada en el modelo del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) salvadoreño.

La ceremonia oficial se realizó en San Rafael de Alajuela, donde Chaves destacó que el proyecto representa una respuesta firme y anticipada frente al crecimiento del crimen violento vinculado al narcotráfico. El mandatario costarricense sostuvo que el país debe actuar con decisión para evitar que la inseguridad alcance niveles críticos como los vistos en otras naciones de la región.

Durante su intervención, Bukele advirtió que el crimen organizado puede crecer de manera silenciosa hasta convertirse en una fuerza paralela que amenace la estabilidad del Estado si no se enfrenta con determinación. “La única forma de solucionar un problema de inseguridad que ya existe es con la fuerza del Estado. Todo Estado es más fuerte que los grupos criminales presentes en su territorio”, afirmó el gobernante salvadoreño.

El presidente de El Salvador fue más contundente al señalar que “no hay Estado que no pueda contra los criminales”, y agregó que si un país no logra vencer a la delincuencia es porque existe complicidad dentro de las estructuras estatales. “Una vez el Estado se libera de esa complicidad y va con fuerza hacia los criminales, el resultado es inevitable”, subrayó.

El Cacco tendrá una capacidad estimada de 5,100 privados de libertad, distribuidos en cinco módulos, y estará ubicado en terrenos adyacentes al complejo penitenciario de La Reforma. El costo del proyecto ronda los 35 millones de dólares, según cifras oficiales, y su objetivo principal será aislar a los reclusos más peligrosos, incluyendo líderes de organizaciones criminales y narcotraficantes, para impedir que continúen operando desde las cárceles.

Costa Rica enfrenta actualmente una ola de homicidios sin precedentes, atribuida en gran medida al narcotráfico, y el Gobierno ve en el modelo salvadoreño —que, según datos oficiales, ha reducido los asesinatos a mínimos históricos— una referencia clave para recuperar el control de la seguridad pública.