Haití, el país más pobre de América y con una historia plagada de violencia y convulsión política, se ha convertido en un gran lunar para la comunidad internacional, que ha fracasado repetidamente en sus intentos de estabilización después de que las potencias extranjeras complicaran durante décadas su progreso.

El asesinato del presidente Jovenel Moise vuelve a situar el foco sobre la nación caribeña tras unos años en los que el mundo casi parecía haber renunciado a buscar nuevas soluciones para un Estado que vive prácticamente en permanente crisis.