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Mate Rimac dirige una empresa de autos eléctricos que vende algunos de los coches más exóticos del planeta, pero todo empezó con un viejo cacharro muy poco común.

Utilizando piezas de una carretilla elevadora, convirtió un BMW de edad avanzada, apodado Green Monster, en un laboratorio de pruebas para la tecnología eléctrica que estaba desarrollando.

El BMW convertido comenzó a competir en eventos de automovilismo y ganó contra coches de propulsión convencional. Durante un tiempo llegó a ser el vehículo eléctrico más rápido del mundo.

Dos años más tarde, en 2009, creó su empresa. “Quería construir un coche, eso es todo lo que quería hacer”, cuenta el emprendedor.