Quienes recuerdan la cri­sis económica de inicios de los años 90 suelen acor­darse de las largas colas en las estaciones de com­bustibles, la desesperación de propietarios de vehí­culos que se quedaban en las vías públicas por fal­ta de gasolina, la angustia de la población por los au­mentos de precios de los productos de primera ne­cesidad y las recurrentes huelgas que paralizaron el país en demanda de mejo­res condiciones de vida.

Eran los tiempos en que el Dr. Joaquín Balaguer to­reaba el poder político des­de el Gobierno en el inicio de su quinto mandato presi­dencial, bajo el descontento de la población angustiada por el alto costo de los pro­ductos de primera necesi­dad, los apagones, la esca­sez y subidas exorbitantes en el precio de los combus­tibles.

Los datos económi­cos publicados por la Co­misión Económica para América Latina y el Cari­be (CEPAL) sobre la crisis de la época apuntan que el producto interno bruto (PIB), en 1990, se contrajo un 6.2%, el consumo pri­vado 11%, la inversión bru­ta fija 9%, la inflación subió al 80%, las reservas interna­cionales se redujeron cerca de US$500 millones y que­braron siete bancos comer­ciales.